Es uno de los íconos de San Miguel de Tucumán y cuenta, entre otras cosas, con la particularidad de que desde hace varios años suele reflejar las dos caras de la realidad. Su popularidad no ha sido superada aún por otro lugar público de la ciudad. Es el punto de encuentro de los enamorados, de las familias, de chicos y grandes que juegan al fútbol, al rugby, de aerobistas, de linyeras. El parque 9 de Julio siempre está en la mira de los gobiernos de turno, pero las obras de mejoramiento que suelen realizarse por sectores. El aspecto agradable que ofrece hacia las avenidas Soldati y Benjamín Aráoz, contrasta con el descuido que evidencia hacia Coronel Suárez y Gobernador del Campo.

Sobre el primer sector, las fuentes restauradas, la pérgola pintada, el pasto cortado brindan una imagen bucólica y agradable, mientras que hacia el norte y el este hay baños circulares abandonados, un piletón que se transformó en una maceta gigante porque allí crecen arbustos y árboles, a los que se suman el Palacio de los Deportes y el ex autódromo.

Hubo también acciones municipales que le provocaron perjuicio al parque, cercenándole uno de sus sellos distintivos. En enero de 2008, sin realizar consultas con las universidades, el Colegio de Arquitectos o instituciones culturales para que propusieran ideas sobre su mejor destino, la Municipalidad inició la demolición de la tradicional confitería El Lago, habilitada en 1961. La decisión se tomó porque no había habido interesados en la concesión del restaurante ni en la explotación y mantenimiento del lago San Miguel. Por idéntica razón -según se dijo oportunamente- el paseo público fue despojado de su parque de diversiones y del trencito, otro de sus símbolos que marcó a varias generaciones.

Gracias a la Cumbre del Mercosur, efectuada en nuestra ciudad a fines de junio de 2008, se renovó la caminería sobre la avenida Soldati y el pavimento de algunas cuadras de esa arteria porque allí están ubicados los hoteles que oficiaron de anfitriones.

El subsecretario municipal de Obras Públicas dijo que hace cuatro años iniciaron el proyecto de liberar y demoler todas las construcciones que no están vinculadas con el diseño original, razón por la cual demolieron el bar La Pérgola y de los dos sets y cabinas de transmisión del antiguo autódromo. Plantaron 150 especies de árboles que recibieron en donación y anticipó que le darán vida al ex autódromo, organizando encuentros y carreras de ciclismo.

Si se lo restaurara convenientemente y se diera solución al problema acústico, el Palacio de los Deportes, con capacidad para 5.000 personas, podría cumplir una función cultural muy importante durante el verano, similar a la del Teatro Delacorte, del Central Park de Nueva York. Se podría montar un festival teatral en enero y febrero que integrara el calendario turístico. Sería también un atractivo importante de San Miguel de Tucumán que durante el estío le ofrece muy poco al visitante y al mismo vecino.

Debería pensarse en un plan integral de recuperación del parque 9 de Julio. Se podría efectuar una convocatoria de ideas y proyectos abierta a las universidades, a las entidades civiles y a los mismos ciudadanos sobre cómo embellecer y dotar de atractivos al paseo. De ese modo, se abriría un espacio importante para la participación comunitaria.